Los Ángeles caen del cielo

Los Ángeles caen del cielo (Versión 2012)

Hace poco más de un año Los Ángeles Lakers sucumbían ante la arrolladora superioridad táctica de los Mavericks en unas semifinales de conferencia que dejaban al equipo amarillo como una simple nota en el prólogo del que sería el primer título de la franquicia texana. Un año y un lockout más tarde, los Lakers de Pau Gasol, Kobe Bryant, y ahora, Mike Brown, vuelven a caer carentes de esa misma base sobre la que se cimenta el baloncesto que tanto echaron en falta el curso pasado.

Pese a que la eliminación de este 2012 a manos de los Thunders de Oklahoma puede entenderse como una consecuencia lógica de la simple superioridad de un equipo que durante toda la temporada ha sido mejor, lo cierto es que la dirección angelina no ha sido capaz de apuntalar ni en un ápice una plantilla que ha manifestado un claro retroceso desde que ganara aquellos anillos de 2009 y 2010. Tras la primera debacle la franquicia tenía que hacer frente a la marcha de Phil Jackson, acometiendo una profunda regeneración en la plantilla hasta dejar un roster en el que en la actualidad solo sobreviven cuatro de los jugadores que ganaron su último campeonato.

El ‘jaque mate’ en la composición de la nueva generación Laker se vendría a confirmar con el traspaso de Crish Paul, algo que nunca llegaría a ocurrir, dejando un plantel donde los hombres importantes eran cada vez menos decisivos –y un año mayores- y los secundarios reclutados para darles descanso más incompetentes. Al final, el despropósito en la planificación promovida por el hijo del dueño, Jim Buss, en ausencia de su padre Jerry, explotaba como una bomba en medio del parqué del Staples cuando Lamar Odom abandonaba despechado la que consideraba su casa a cambio de prácticamente nada, algo que se repetiría tres meses más tarde con el intercambio que acababa con la salida del capitán Derek Fisher, ahora feliz jugador de Oklahoma.

El ‘Kobe Sistema’

En el barco amarillo se quedaba Pau, ofrecido en varias suertes de trades que nunca llegaron a concretarse, y que iba a aparecer bajo los focos de la asfixiante opinión pública californiana. El pívot español se encontraría de repente como cabeza de turco, como reminiscencia de un proyecto no fraguado que iba a ser dirigido por un entrenador cuestionado desde su llegada.

Mike Brown desempolvaba los galones logrados en aquella final con Cleveland para intentar llenar aquel espacio tan grande dejado en el banquillo Laker por Phil Jackson. Desde el principio intentaría imponer su sello: Más defensa, los puntos llegarán solos, cediendo el timón a su segundo de abordo y llegando a ofrecer imágenes que dejan en entredicho su credibilidad para entrenar al segundo equipo más laureado de la NBA.

El último y más claro espejo de sus miserias llegaría en la rueda de prensa posterior al segundo partido de semifinales de conferencia. Los Thunders ganaban el partido 77-75 después de remontar siete puntos en los últimos dos minutos y que los Lakers fallaran el tiro ganador a manos de Steve Blake. La jugada “preparada para Kobe” acabó en las manos del base suplente, liberado para el tiro y que ofrecía una mejor posición para el pase que la jugada marcada por Brown en la que el balón debía atravesar por completo la zona Thunder hasta la esquina contraria. “Blake estaba solo, pero Kobe también”, eran las observaciones de Brown al final del partido.

La opción tomada por Brown de reducir la opciones en ataque de los Lakers a un único jugador solo se ve respaldada por la gran temporada del número 24, único jugador de la plantilla en rendir de forma constante durante los playoffs, pero queda en entredicho desde el momento en el que este sistema reduce hasta el ridículo las posibilidades ofensivas de uno de los mejores frontcourt de la liga. Ni Bynum ni Pau recibirían apenas el balón durante el quinto y definitivo partido de la serie.

El asunto Gasol

Nunca sabremos si los fundamentos baloncestísticos de Pau son peores o mejores que hace escasamente un año. Sus porcentajes de tiro son apenas inferiores a los de su carrera (50% en 2012 por el 53% del año de su segundo anillo) y sigue manteniéndose entre los ocho mejores reboteadores de la NBA,  pero está claro que ha perdido un mundo en confianza y peso dentro del equipo. La voluntad de Mike Brown de que Gasol juegue fuera de la pintura le ha hecho convertirse en un jugador menos agresivo y aprovechable de lo que era, constituyendo un argumento más de la lapidación sufrida por el de Sant Boi por parte de la prensa local durante varios tramos de la temporada.

Durante la reconversión de estos Lakers se han ido añadiendo jugadores que poco a poco han reclamado una mayor presencia en ataque sin que la de Kobe se viera alterada. El crecimiento exponencial de Bynum durante los dos últimos años, las incursiones en ataque de un alocado World Peace, o la llegada de Sessions han influido en que Pau haya ido perdiendo crédito de tiro, siendo el único jugador importante de la plantilla en cederlo ante la llegada de nuevas opciones. Su rendimiento pese a todo ha sido correcto en números globales (17,4 puntos por partido y 10,4 rebotes en temporada regular) pero tanto sus aciertos como sus fallos en momentos puntuales han sido esclarecedores del entorno en el que se encontraba.

En uno de los últimos partidos de temporada regular contra Dallas los Lakers estaban atascados en ataque durante la prórroga. De unas de esas posesiones aturulladas saldría un balón hacia la esquina donde Gasol se jugaría un triple al final de los 24 segundos. El balón entraba, y Pau corría a celebrarlo con un entusiasmo extraño en él. La presión a la que estaban sometidos cada uno de sus movimientos en ataque explotaba con la consecución de aquel triple que repetiría en la jugada posterior. Tres semanas más tarde, durante el cuarto partido de la seria contra Oklahoma, Pau perdía un balón definitivo que acabaría en un triple disfrazado de verdugo disparado por Durant. La realidad le devolvía la ruina para volver a enfocarle como la pieza más fácil de cambiar del equipo.

De aquellos polvos estos lodos

Curiosidades. Pese a la profunda renovación del roster y al cambio de entrenador, poco a nada han cambiado los Lakers 2012, llegando a encontrarse varias coincidencias que reproducen elocuentemente otros de los muchos males del equipo. En la eliminatoria del año pasado frente a Dallas, Metta World Peace –entonces Ron Artest- fue sancionado por una brutal falta a Barea, algo que se repitió este año durante la primera ronda en la que el escolta angelino estuvo ausente debido a su codazo a Hardem. Por otra parte, Bynum, incipiente estrella entonces y rotunda realidad actual, cerraba su participación con otra desagradable falta sobre Barea (que se las llevó todas), una reminiscencia de las malas formas tomadas por el center durante el tramo final de temporada regular, donde llegó a ser expulsado en dos partidos de forma casi consecutiva, y que abandonó el parqué del Staples con una sonrisa tras ver como su equipo caía en el cuarto partido de la eliminatoria de este año.

La historia de los Lakers continúa, pero se repite demasiado.

 

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